Septiembre / 2003
Una cultura es un montón de gente que conversa. Esa es la condición del ser humano y, por ahí, del ser urbano contemporáneo.
La conversación, ese caótico intercambio, ese palabreo de ida y vuelta, es el terreno en el que se hace toda sociedad y, por eso mismo, el acto imprescindible para la constante y saludable re-invención de una cultura.
Pasearnos por Quito a una hora pico, sin embargo, nos hace sospechar que, como cultura, más que un montón de gente que conversa...