Mi llegada a Madrid en el año 2001 coincidió con la etapa de mayor intensidad en la migración ecuatoriana hacia España, por lo que fui testigo y partícipe de los múltiples encuentros y desencuentros generados por la convivencia entre españoles y ecuatorianos.
De aquellos días nació la necesidad de filmar un documental y poder narrar lo que sucede cuando los migrantes vienen no solo a trabajar sino que también aterrizan con su propio bagaje cultural y ocupan los espacios públicos, las escuelas o los parques.
No descubrí la forma exacta en la que quería contar este documental hasta que me encontré con la historia de la Virgen del Cisne porque ésta me pareció una metáfora perfecta sobre la migración. Es una de esas historias que tienen en sí mismas elementos de drama y comedia y dejan entrever los claroscuros de la migración, así como la complejidad de las relaciones humanas y los diversos intereses que se dan en torno al proceso migratorio.
Este documental cuenta la historia de un viaje: el de Ecuador hacia España, y traza un paralelismo entre la trayectoria de la imagen de la Virgen del Cisne y la de un migrante cualquiera.
A través de las secuencias vemos que los migrantes se aferran con fuerza a la Virgen del Cisne porque los hace sentirse cerca de casa y los ayuda a enfrentar las dificultades cotidianas de vivir en una sociedad que por un lado les brinda oportunidades y por otro les cierra puertas.